lunes, 12 de octubre de 2009

8.Cuarentena




Con qué ferocidad y a qué hora importuna
salen mis treintaytantos años de la fotografía
para exigirme cuentas.

En los ojos heridos por la luz
sostienes la mirada de mis sobras,
en el descaro de tus profecías
desdeñas la lealtad de mis recuerdos,
en la piel transparente
anegas el cansancio de mi piel
y defines mis años por traiciones.

No escandalices más,
hablemos si tú quieres,
elige tú las armas y el paisaje de la conversación,
y espera a que se vayan
los invitados a la cena fría
de mis cuarenta y dos años.

Por evaporaciones,
como las aguas sucias de los charcos
se acercan a las nubes,
caminaré contigo
hasta la plaza de nuestros destinos.

Allí están los magníficos árboles de las ciencias y las letras
con sus palabras en el mes de junio,
y el orden de los números a la orilla del tiempo,
más cerca de las divisiones que de las sumas.

Imagino tu voz, supongo el aire
-porque regresa hasta mis labios en noches de espesura-
con el que afirmarás que toda libertad es una roca,
que no faltan el viento y las razones,
sino la voluntad en el timón,
para gritar después que mi conciencia
es ya ropa tendida, palabras puestas a secar.

Tendrás razón.
No digo ni la mitad de lo que siento.
Pero recuerda que mi soledad,
la que arde en mi lámpara de desaparecida,
es el silencio de las causas perdidas.

Y puedes comprenderme:
mis yo dormidas,
el cajón de los indefensos barcos,
un teléfono antiguo...,
todas las tachaduras se parecen
a la inquietud que sufres
ante la vida en blanco.

Ya que fuerzas mis sombras con tu luz
comprende mi silencio en tus exclamaciones.
Porque sabes que sé
el lado frágil de la impertinencia,
lo que hay de imitación en tu seguridad,
la certeza que llega de los otros para empujarte
por el afán de ser el elegido,
por el deseo de gustar,
hasta vivir de oídas en muchas ocasiones.

Aceptaré las quejas, si tú me reconoces
la legitimidad de la impostura.

Ahora que necesito
meditar lo que creo
en busca de un destino soportable,
me acerco a ti,
porque sabes meditar tus dudas.

Cuando tengas la edad que se avecina,
admitirás el tiempo de los encajadores,
la piel gastada y resistente,
el tono bajo de la voz
y el corazón cansado de elegir
sombras de pie o luz arrodillada.

Después de lo que he visto y lo que tú verás,
no es un mal resultado, te lo juro.
Baja conmigo al día,
ven hasta los paisajes verdaderos
en los que discutimos,
y me agradecerás
la difícil tarea de la supervivencia.

7 comentarios:

© PaSioN 12 de octubre de 2009, 20:55  

Los años no pasan en valde, quedate con lo que ellos te aportan.

© Capri 13 de octubre de 2009, 11:23  

Estupendo post me has sorprendido gratamente

Un beso

Alfonso 13 de octubre de 2009, 12:08  

Bienvenida al club de los que ya tenemos treintaytantos..... y alguno más, pero como dice pasión desde luego quédate con lo vivido y con lo que te aportan.
Por otro lado un post envidiable.
Desde luego lo que falta por venir seguro te traerá grandes sensaciones y satisfacciones.

Muchas gracias por volver a pasarte por mi blog, se te echaba de menos.

Besos Preciosa

Sir Bran 13 de octubre de 2009, 21:33  

He descubierto en este blog tuyo, versos de profundidad envidiable, tonos y matices sentidos, y voces que se han mojado previamente en buena melancolía.
Te pido disculpas, porque tu nick y el nombre del blog me predispusieron a algo de menos calidad, y he de retirar por completo tales presagios.
Un placer leerte.

J. eMe. 15 de octubre de 2009, 2:33  

Intenso y bello, desconocía esta faceta tuya y me ha sorprendido muy gratamante.

Sigue así, me gusta tu estilo.


Un beso Miss

Pedro G. Montes 15 de octubre de 2009, 13:11  

Me sorprende de una manera muy grata tu faceta poetica

UN besazo.

Alecrin 16 de octubre de 2009, 10:38  

¡¡¡Buenisimo poema !!!

Un placer el descubrir que no solo de relatos vive Miss Seducion. Te confieso que este es el mejor, sera por la aproximiacion de edades.

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